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Movilidad para integrar territorios

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Bello, noviembre de 2019      Nuestro METRO - N° 209

En ocasión de la celebración de la 33° Asamblea General de ALAMYS y Congreso Anual de Alamys es de mi agrado compartir con ustedes, amigos, amigas y colegas de Alamys y con el Metro de Medellín, algunas reflexiones sobre la importancia de la integración de la movilidad, ciudadanos y territorios, el lema que enmarca nuestro Congreso Anual 2019, cuya sede es la hermosa ciudad de Medellín, capital del departamento de Antioquia, del 1 al 5 de diciembre.

Desde el siglo pasado, existe una clara propensión mundial al aumento de la población urbana que elige vivir al interior de las ciudades por sobre el mundo rural. Las ventajas de residir en zonas urbanas son innegables: el acceso a toda clase de bienes y servicios en forma relativamente cercana en comparación con las zonas rurales –como la salud, educación, trabajo, servicios públicos, actividades de ocio, entre otras-, hacen que la migración campo-ciudad sea un fenómeno apreciable en todas las regiones.

Latinoamérica no escapa a esta norma: la Tasa de Crecimiento de la Población proyectada para el periodo 2015 – 2020, es de 1% en zonas urbanas, y -0,3% en las rurales de la región (CEPALSTAT, 2017). Se suma a esto, la estadística de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) sobre el número de habitantes en América Latina que asciende, en 2017, a 647 millones de personas, y se espera que, en el corto plazo, un 90% de aquella población se ubique al interior de las zonas urbanas.

Dentro de las ciudades se está generando una continua presión por parte de la ciudadanía para atender necesidades de movilidad urbana, como una forma de garantizar el acceso democrático, equitativo y eficiente a los distintos bienes y servicios que ofrecen las urbes, para así alcanzar niveles de inclusión social que acorten las brechas de las altas tasas de desigualdad que existen en Latinoamérica.

Justamente, y por esta razón, la integración del territorio debe ponerse al centro de nuestro quehacer como operadores de transporte.

Así, no es coincidencia que este elemento se recoja en la visión del Metro de Medellín: “Ser la empresa más audaz, dinámica y humana en el desarrollo de soluciones de movilidad y en la transformación de territorios sostenibles en América Latina, garantizando la sostenibilidad financiera, social y ambiental.”

Porque, a diferencia de otros modos privados de movilidad- como el automóvil- el transporte público es una gran herramienta que puede ayudar enormemente a garantizar estos derechos de acceso social si es considerado como parte de los sistemas de transporte urbano, esto dada su alta incidencia en la vida cotidiana de las personas, pues aproxima centros de negocios y comerciales, barrios industriales, recintos de salud, establecimientos educacionales, cascos históricos, zonas residenciales y de esparcimiento (parques, estadios, plazas comunales, espacios para realización de actividades deportivas, etc.) y lugares de todo tipo que concentran aglomeraciones, a todos quienes habitan o desarrollan sus vidas lejos de estas zonas de interés.

El ejemplo de Medellín Algunas de las metrópolis de la región, entre ellas Medellín, se caracterizan por fomentar proyectos, como la integración entre el metrocable, los buses, el metro y el BRT, propios de una planificación urbana eficiente, llevando a que nuestras ciudades superen una topología más bien monocéntrica: una sola zona que agrupa a la mayoría de instituciones públicas y empresas privadas, puestos de trabajo y servicios de todo tipo, en contraste con una gran periferia que la rodea, hacia donde han sido relegados la mayoría de aquellos habitantes de bajos ingresos y que, consecuentemente, se les condena a recorrer grandes distancias de forma dificultosa para realizar sus actividades cotidianas, justamente en la otra zona a las que se les hace difícil llegar.

Una buena gestión de la movilidad urbana, como la de Medellín, tiene un rol elemental para que el transporte público no sea visto como un fin en sí mismo, sino que, como uno de los elementos más relevantes para el desarrollo y progreso de las ciudades, un derecho fundamental de las personas que mejore sustancialmente su calidad de vida.

Medellín es un ejemplo a observar por los diferentes Estados de la región, para que orienten sus esfuerzos a satisfacer las necesidades de movilidad de la ciudadanía mediante la provisión de sistemas que sean eficientes, confiables, limpios, seguros, modernos y sustentables, más aún en una ciudadanía que también demanda -cada día con mayor exigencia- el cuidado del medio ambiente y la garantía de transportarse cómoda y dignamente, características mayoritariamente ausentes en los distintos sistemas de transporte público de las ciudades latinoamericanas. Además, los Estados debiesen tener siempre una visión del transporte público como sistemas orientados a los usuarios. En esto, no caben dos lecturas: son los Estados los llamados a planificar estos sistemas integrados desde una autoridad metropolitana centralizada e integrada con un sentido de servicio público dentro de un marco y una institucionalidad regulada, más allá de la propiedad de la infraestructura o la gestión operacional de los diferentes componentes de los sistemas.

Digitalización de cara al futuro

Hoy en día, la digitalización impacta a todo nivel nuestra vida cotidiana y apoya considerablemente esta gestión. Podemos mencionar aquí aplicaciones que dan soluciones para la última milla como bicicletas, patinetas, scooters o servicios de taxi (car y ride sharing). Todo aquello mejora el transporte público, y lo convierte en un servicio de calidad para la ciudadanía, cuyo primer objetivo es facilitar la movilidad urbana. Nuestro evento en Medellín va a profundizar, como enfoque temático, en las oportunidades que nos brinda la digitalización.

El rol de una fuerte política pública en favor de la movilidad urbana como servicio para los ciudadanos, tal como se maneja en Medellín, debe ser vista como un derecho fundamental que debe satisfacer la movilidad digna de nuestras sociedades, pues dejarlo en manos del mercado implicaría cumplir con una función que solo producirá, en el largo plazo, ineficiencias y una baja calidad de los servicios, como ha quedado demostrado en variadas experiencias- en esta misma región- durante el siglo pasado.

Con todo, la existencia de múltiples sistemas como los hay en Medellín para movilizarse, obliga a planificar para conseguir una interacción eficiente, y así aprovechar y explotar de mejor forma las cualidades de cada uno de ellos, de acuerdo con la densidad de la demanda. Por ello, desde ALAMYS, creemos que los sistemas de transporte deben diseñarse pensando en una intermodalidad, pero entendiendo que los protagonistas de ésta deben ser sistemas eficientes de trenes urbanos, al servicio de las y los ciudadanos.

Como ALAMYS, tenemos la convicción de que en las ciudades latinoamericanas existen las condiciones para el desarrollo de iniciativas de proyectos metroferroviarios, ya sea mediante la construcción de nuevas redes de metro, o la extensión de las redes existentes, pues se evidencia la necesidad de contar con transporte público masivo en urbes densamente pobladas, como en los países latinoamericanos con un nivel de urbanización que asciende al 79%, y claramente con escaza o nula capacidad de ampliar la infraestructura vial para dar cabida a sistemas de superficie.

Las redes de metro deben ser los protagonistas de sistemas integrados junto a otros modos de transporte eficientes, en corredores de alta densidad, con el objetivo de mejorar la calidad de vida de las personas, acortar distancias, acercar vidas, y por ende, contribuir diariamente al desarrollo de nuestras ciudades en Latinoamérica y el de su gente.

Eduardo de Montmollin

Presidente de ALAMYS

 

ALAMYS en cifras

Reunir a los principales sistemas ferroviarios de América Latina, España y Portugal, así como a los principales proveedores del sector para trabajar con un objetivo común ha sido el principal motor de ALAMYS durante más de tres décadas.

Estas son algunas de las principales cifras que permiten dimensionar a esta asociación:

19 sistemas de metro

8 sistemas de trenes suburbanos

14 sistemas de trenes ligeros y tranvías

84 socios presentes en 18 países

2.647 kilómetros de red

100.000 personas trabajan en los sistemas férreos que conforman Alamys

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